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11月25日
Tema 32
“La oración es la relación viva de los hijos de Dios con su Padre infinitamente bueno, con su Hijo Jesucristo y con el Espíritu Santo. La vida de oración es estar habitualmente en presencia de Dios, y en comunión con El. La oración es cristiana en tanto en cuanto es comunión con Cristo y se extiende por la Iglesia, que es su Cuerpo. Sus dimensiones son las del Amor de Cristo” (Catecismo 2565).
A partir de estas palabras del Catecismo de la Iglesia, podemos entender que la oración es una experiencia personal de cada creyente, de cada cristiano, que tiene como objetivo la comunicación y comunión espiritual con Dios.
Cuando los discípulos de Jesús, le pidieron que les enseñara a orar, él les enseñó el Padrenuestro. A través de esta oración, considerada la oración típica y principal del cristiano, Jesús enfoca nuestra vida a través de esta oración en cuatro aspectos: primero, reconocer que Dios es nuestro Padre; segundo, desear su glorificación o alabanza de parte de todos; tercero, pedir que se manifieste la riqueza de su Reino; cuarto, que se cumpla su voluntad. ¿Qué más puede pedir para sí y desear para Dios un hijo suyo?
A través de la oración se cultiva y se fortalece la comunión con Dios, tanto a nivel personal como a nivel comunitario. Esto nos pone de manifiesto que la oración del cristiano no es una oración preferentemente de petición e intercesión sino de alabanza y acción de gracias, pues lo más importante que necesitamos ya lo tenemos, que es el amor y benevolencia de Dios, por ser nuestro Padre y habernos dado a su Hijo Jesucristo, como prenda de su favor.
A pesar de que la oración más excelente que hacemos como cristianos es la oración litúrgica, que es la oración de la Iglesia, que comprende la Liturgia de las Horas (oración de los salmos a diferentes horas del día) y los Sacramentos, la oración individual y/o en grupo es necesaria y fruto de la anterior. Por supuesto que la celebración de los misterios de Cristo en el año litúrgico (Adviento, Navidad, Cuaresma, Pascua, Pentecostés) nos ofrecen muchas motivaciones para dar su sentido cristiano a nuestra oración. Sobra decir que el Antiguo Testamento nos ofrece 150 salmos; la mayoría de ellos son hermosas oraciones aplicables a las distintas situaciones y sentimientos de la vida.
Oraciones ejemplares: Lc 1, 46-55; 68-79; 2, 29-32; Lc 11, 1-4; Mt 11, 25-26.
Experiencias de oración: Lc 4, 1-12; 5, 12-14; Lc 7, 6-9; 8, 22-25; Lc 18, 9-14; Lc 22, 39-46; He 4, 23-30; Rm 8, 26-27.
Sobre el contenido de nuestra oración: Lc 11, 5-13; Lc 18, 1-8; Col 4, 2-4.
Para la evaluación personal:
¿Qué nuevos puntos sobre la oración descubres en estos textos y ejemplos?
¿En qué aspectos necesita enriquecerse tu oración?
11月17日
TEMA 31
Con este tema iniciamos una tercera parte, en la que queremos exponer y reflexionar sobre algunas realidades espirituales que enriquecen esta experiencia del seguimiento cristiano de Jesús. Unas se refieren más directamente a la experiencia personal de capacitación para la fidelidad a esta vocación, otras a la experiencia personal de capacitación para el servicio desde tal vocación.
Sin fijarnos muy especialmente en esta división expondremos cada una de ellas, y en el proceso se pueden ir sacando las conclusiones. Para comenzar, tengamos en cuenta que el seguimiento de Jesucristo está íntima y necesariamente relacionado a un servicio o misión, como lo fue su propia persona y su vida: establecer el Reino de Dios. En esta realidad o misterio está incluida la razón de ser del seguimiento de Cristo y de nuestra relación de fe en el Dios de Jesucristo.
La palabra de Dios es algo más que una palabra que se escucha, que nos da información o formación sobre la vida. Los textos nos hablan de “guardarla”, de “practicarla”, del poder de la palabra, de la palabra como verdad y se asemeja a la semilla que tiene la capacidad de crecer y dar fruto.
“El Santo Concilio exhorta con vehemencia a todos los cristianos a que aprendan "el sublime conocimiento de Jesucristo", con la lectura frecuente de las divinas Escrituras. "Porque el desconocimiento de las Escrituras es desconocimiento de Cristo". Lléguense, pues, gustosamente, al mismo sagrado texto, ya por la Sagrada Liturgia, llena del lenguaje de Dios, ya por la lectura espiritual, ya por instituciones aptas para ello, y por otros medios, que con la aprobación o el cuidado de los Pastores de la Iglesia se difunden ahora laudablemente por todas partes. pero no olviden que debe acompañar la oración a la lectura de la Sagrada Escritura para que se entable diálogo entre Dios y el hombre; porque "a El hablamos cuando oramos, y a El oímos cuando leemos las palabras divinas. (Dei Verbum 25).
Voy a comentar algunas de las afirmaciones que leemos en el texto transcrito arriba del Decreto del Vaticano II sobre la Divina Revelación con el título de Dei Verbum (La Palabra de Dios)
1. “Aprendan "el sublime conocimiento de Jesucristo", con la lectura frecuente de las divinas Escrituras”
Y puesto que la Palabra de Dios, como lo es la palabra humana en muchas ocasiones, no es sólo informativa o formativa sino que incluye una fuerza espiritual que puede cambiar nuestra vida en muchas formas y a muchos niveles, el conocimiento de Jesucristo del que se habla aquí tampoco es un conocimiento teórico o doctrinal, como buscan muchos al leer los evangelios, sino un conocimiento de encuentro y relación, que pueden transformar la propia vida, como una buena o mala amistad influyen en la conducta de una persona. Si esto puede suceder en relaciones interpersonales humanas, con cuánta más razón se podrá dar en la relación interpersonal con Cristo, el “único que tiene palabras de vida eterna” (Jn 6, 68).
2. “Lléguense, pues, gustosamente, al mismo sagrado texto”.
La Iglesia nos expone clara y decididamente la necesidad de leer, de escuchar, el texto bíblico. Hay muchos medios y oportunidades hoy en día en casi todas las parroquias, y no se aprovechan. Muchos católicos se van a otras iglesias no católicas buscando esta oportunidad, y desafortunadamente no es igual. Si la historia no la leen igual los vencidos que los vencedores, la historia de salvación tampoco se lee igual en una iglesia, unida a Pedro en la persona del Papa, Vicario de Cristo, que en una separada de él.
3. “Acompañar la oración a la lectura de la Sagrada Escritura, porque a El oímos cuando leemos las palabras divinas”.
La Palabra de Dios entra en nuestro corazón y fecunda nuestra vida. Para ello es necesario una actitud de fe; esa fe hace posible su fecundidad. Así le dijo el centurión a Jesús: “Di una palabra y mi siervo quedará curado”. Y esas palabras, que fueron efectivas cuando Jesús le dijo: “Vete y que suceda según tu fe” (Mt 8,8.13), la Iglesia las ha conservado con especial respeto y admiración para recordarlas cada vez que nos disponemos a recibir la comunión.
A continuación ofrezco unos cuantos pasajes, que nos ponen de relieve esta fuerza salvadora y santificadora de la Palabra de Dios:
Jn 1. 1-5.14; Mt 4, 3-4; 7, 24-27; 13, 18-23; Lc 1, 38; 4, 33-36; 8, 20-21; 11, 27-28; Jn 8,31-37; 14, 23; 17, 14-20.
A medida que se van leyendo estos pasajes, se puede ir anotando lo que cada uno percibe como más significativo sobre la Palabra de Dios. Será bueno que cada uno haga una síntesis de lo que va a significar la Palabra de Dios en su vida.
¿Has escuchado o leído la palabra de Dios de forma distinta a como lees el periódico u otro libro? ¿Cuándo lees la Palabra de Dios? ¿Cómo la lees? ¿Qué experiencias produce en ti?
Puedes concluir con el salmo 119 o parte de él (Es el salmo con mucho más largo de todos, lo cual nos pone de relieve la importancia de la Palabra de Dios en la mente del autor sagrado) o se puede leer el salmo 95.11月9日
Tema 30
En trece temas hemos reflexionado sobre la riqueza espiritual que nos ofrecen los sacramentos en la Iglesia, siete sacramentos que nos marcan el itinerario real de conversión y compromiso en el seguimiento de Cristo en la Iglesia. Sí, hay que subrayar la referencia a la Iglesia, ya que este caudal de gracia y vida que Cristo nos ha ganado a través de su vida y de su misterio pascual, la ha encomendado a la Iglesia. Quien no entiende el misterio de la Iglesia no entiende a Cristo y el modo real de llevar a cabo su misión salvadora.
Los sacramentos son signos eficaces de la gracia y de la salvación; en ellos celebramos, y al celebrar recibimos, todo el caudal de vida divina que Dios nos ofrece para re-gerarnos como hijos suyos. Al igual que el padre del hijo pródigo, que no acepta que éste sea su criado sino que lo restituye a la vida familiar con todos los derechos, Dios nos da por medio de la redención de Cristo la oportunidad de ser “engendrados a una nueva vida”, como lo expusimos en los temas 17 y 18.
Ciertamente que puede ser trabajoso releer estos trece temas en una semana para hacer una síntesis doctrinal aplicada a la vivencia de la vida cristiana de cada uno; pero se puede simplificar un poco escogiendo los temas más relevantes, que serían los del bautismo, confirmación y eucaristía, y para quienes están casados, también los del matrimonio.
Para hacer esta síntesis te sugiero respondas estas preguntas:
1. ¿Has entendido que tu vida como cristiano tiene un punto de partida y una meta, a través de un proceso, marcado por los sacramentos?
2. ¿Has entendido que esta vida obedece o sigue un plan que no es el tuyo sino el de Dios?
3. ¿Has entendido que esta vida no la puedes vivir por tu cuenta, individualmente, sino que tiene necesariamente una dimensión comunitaria?
4. ¿Has entendido que los sacramentos no son requisitos morales que hay que cumplir para ser un “buen cristiano”?
5. ¿Has entendido que recibir-celebrar los sacramentos conlleva compromisos de por vida, que repercuten en tu relación con Dios, Padre-Hijo-Espíritu Santo, en tu relación con la Iglesia (universal-diocesana-parroquial-comunidad cristiana) a la que perteneces, y en tu relación con el mundo?
6. ¿Has entendido que esos compromisos están apoyados en las gracias (privilegios) espirituales que Dios te concede a través de los mismos sacramentos?
7. ¿Puedes enumerar las ventajas personales espirituales y los compromisos que la vivencia de tu vida sacramental en la Iglesia te reporta?
Las respuestas a las preguntas son breves; las seis primeras las puedes responder con un sí o un no. La última sería como la síntesis de las anteriores si tu respuesta a las mismas fue un sí. Si tu respuesta a algunas de ellas fue no, entonces necesitas volver a estudiar alguno (o algunos) de los temas que seguramente no te quedó tan claro.
Para iniciar y concluir tu trabajo puedes rezar esta oración:
ORACIÓN DEL CATECÚMENO
-Oh, Señor, tú eres la verdad:
ilumina mi mente para que te conozca;
Ilumina mi corazón para que te ame,
Ilumina mi alma para que me entregue a ti.
-Tú eres, Señor, el camino:
endereza mis pasos en pos de ti,
fortalece mis pasos para no perderte de vista,
reanímame cada día para seguirte de cerca.
-Tú, Señor, eres la vida:
Que anhele sentarme a tu mesa de la Eucaristía,
Que no añore nunca otro alimento,
Que sea tu Espíritu quien siempre me conforte.
-Señor, verdad, camino y vida:
Ilumíname, condúceme, fortaléceme.
Sea tu Evangelio la verdad que me ilumine,
Sea tu ejemplo el camino que me guíe,
Sea tu Cuerpo la vida que me sostenga. Amén.
11月6日
TEMA 29 -
“El Orden es el sacramento gracias al cual la misión confiada por Cristo a sus apóstoles sigue siendo ejercida en la Iglesia hasta el fin de los tiempos: es, pues, el sacramento del ministerio apostólico. Comprende tres grados: el episcopado, el presbiterado y el diaconado” (1536, Catecismo).
Sentido y misión del sacerdocio
Comúnmente cuando oímos hablar del sacerdocio pensamos en los sacerdotes (también presbíteros, nombre antiguo, que significa anciano o persona madura de la comunidad) que conocemos atendiendo a nuestras parroquias y necesidades espirituales. Así suele ser en efecto, ya que los Obispos no desarrollan su ministerio en una comunidad fija en la que se les vea día con día, sino en una Diócesis y, por tanto, tienen que hacerse presente en muchas partes, parroquias o centros de culto, con la consecuencia lógica de que los fieles tienen pocas oportunidades de conocerlos o de tratar con ellos. También en el orden del sacerdocio está el diaconado; las comunidades cristianas no están tampoco muy familiarizadas con los diáconos, ya que no son muchos y en la tradición de la Iglesia católica fueron absorbidos por los sacerdotes. A medida que van disminuyendo los sacerdotes y por recomendación del Concilio Vaticano II, se ha visto la conveniencia y necesidad de darle su lugar a este grado del sacerdocio, que tiene su propio lugar en la Iglesia desde los primeros años de su historia (Hechos 6, 1-7).
Hablamos ahora en general, incluyendo los tres grados, ya que son como una trinidad ministerial eclesial, que lleva a cabo el servicio pastoral de las comunidades cristianas, llamadas diócesis y parroquias. En este servicio pastoral se incluyen tres funciones o ministerios, que son: enseñar, santificar y gobernar.
En la enseñanza entra todo lo que se llama el magisterio de la Iglesia: evangelización, catequesis y predicación. En la santificación entra todo lo referente a la celebración de los sacramentos. En el gobierno se incluye lo que se refiere a la organización de las diócesis y parroquias para atender a las necesidades espirituales de los miembros de la Iglesia sea universal (que corresponde al Papa con los cardenales, Concilios y Sínodos), local (que corresponde a los Obispos en sus diócesis), parroquial (que es lo que le corresponde al párroco en su propia parroquia y a los demás sacerdotes que colaboran con él).
Para enriquecer el tema se puede leer:
Hebreos 5, 5-10; 8, 1-2; 10, 4-14 – Cristo el verdadero sacerdote, de cuyo sacerdocio participan los tres grados del sacerdocio en la Iglesia.
Lucas 19, 22; Hebreos 5, 1-4; I Pedro 5, 1-4 – El sacerdote mediador entre Dios-Cristo y los hermanos.
Juan 20, 22 – Ministerio del perdón en la Iglesia.
Para la reflexión personal y compartida
¿Cómo valoramos el don y servicio sacerdotal en la Iglesia?
¿Cuáles son los ministerios que más necesitamos?
¿En qué medida nos responsabilizamos de nuestros sacerdotes?
Se puede concluir con el salmo 23
10月21日
Tema 28 – El sacramento del matrimonio
"La alianza matrimonial… fue elevada por Cristo Nuestro Señor a la dignidad de sacramento entre bautizados". (1601, Catecismo)
Aunque no tenemos datos particulares por los que Jesús actúe de una forma concreta instituyendo el matrimonio como tal sacramento, si tenemos datos para hacer esta conclusión.
Ante todo, tenemos presente que el matrimonio en la comunidad judía tenía todo un ritual de celebración religiosa, a través del cual se invoca la gracia de Dios sobre los contrayentes. Por ello, Jesús no añade nada más al mismo, pero sí trata de sanar la fisura que amenazaba esta institución, que era el divorcio, y pone de relieve que se trata de un llamado de Dios, es decir, de una vocación para vivir esta forma de vida. Esto nos pone ante la realidad de una vida con carácter sacramental.
¿Qué significa que, en palabras del Catecismo, “Jesús elevó a la dignidad de sacramento esta alianza matrimonial entre bautizados”? Este punto lo podemos entender con la reflexión que nos ofrece san Pablo en su carta a los Efesios (5, 21-33). El sacramento se hace signo ad intra (hacia adentro) y ad extra (hacia afuera), signo que comunica lo que significa: la gracia de estado para vivir esta alianza de amor entre los cónyuges y la gracia para dar testimonio del mismo hacia quienes son testigos de su vida, los hijos, ante todo, y después la comunidad eclesial en la que viven y a la que pertenecen.
San Pablo en este texto habla de dos virtudes o actitudes, que han de caracterizar las relaciones conyugales: la obediencia y el amor. Dos actitudes que conllevan el mismo contenido de vida: la ofrenda mutua de la vida. La esposa lo hace a través de la obediencia y el esposo a través del amor. Cristo llevó a cabo su obra redentora a través de la obediencia, movido por amor. Entregó por amor su vida a Dios y a la humanidad. Por ello, como san Francisco recuerda a sus hermanos, la obediencia del cristiano es una obediencia caritativa, a imitación de Jesús, una obediencia que hace posible dar la vida al otro por amor.
Se entiende que no debe darse ninguna clase de competencia o contienda entre los esposos porque se acentúe la obediencia de parte de la esposa y el amor de parte de los esposos, más bien se puede entender que puede haber una forma de continua porfía por darse cada vez más el uno al otro. Que se acentúe la obediencia de parte de la mujer obedece a una cultura, que san Pablo la expresa diciendo que el hombre es cabeza de la familia, pero sobre todo por representas a Cristo, cabeza de la Iglesia. Que se acentúe más el amor de parte del hombre puede ser porque el hombre es más reacio a mostrar el amor y a expresarlo en la vida diaria, pero especialmente por ser signo de Cristo, que por amor da su vida por la Iglesia.
Para la reflexión podemos tomar:
Efesios 5, 21-33;
Mateo 19, 10-12;
¿Qué aporta esta reflexión de Pablo y el concepto de sacramento a tu experiencia o a tu concepción del matrimonio?
Se puede concluir la reflexión con el salmo 128
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Tema 27 - El matrimonio comunidad de amor
Nos recordaba el Catecismo de la Iglesia en el párrafo que citaba la semana pasada que "La alianza matrimonial, por la que el varón y la mujer constituyen entre sí un consorcio de toda la vida (está) ordenada por su misma índole natural al bien de los cónyuges”.
Estas palabras ponen ante nuestra consideración la índole profundamente comunitaria del matrimonio, que se expresa de tres formas. Se habla, ante todo, de una “alianza”, se dice también que ésta constituye “un consorcio de toda la vida” y, por fin, tal consorcio se ordena “al bien de los cónyuges”.
Una “alianza” es un contrato. Pero en la tradición bíblica, en la que se inspira este concepto aplicado al matrimonio, las alianzas vienen de la iniciativa de Dos, por la que quiere comprometerse ante el hombre a cumplir una promesa de vida. Contamos con las siguientes: alianza con Noé, sellada con el arcoíris (Gn 9, 8-17); la alianza con Abraham por medio del sacrificio de unos animales (Gn 15, 1-20) y por medio de la circuncisión (Gn 17, 1-21); la alianza con el pueblo en el desierto del Sinaí (Ex 19, 1-8; 34, 1-13); la renovación de la alianza por medio del Templo en tiempos del destierro (Ezequiel 37, 21-28), para culminar todo con la alianza de Cristo en su sangre (Lc 22, 20).
Por tanto la alianza matrimonial expresa un contrato en el que Dios es quien garantiza su cumplimiento y, por tanto, es una alianza perpetua, no temporal, que da una dimensión diferente al amor humano, la dimensión de la fidelidad, propia del amor de Dios.
Hablar de “consorcio de toda la vida” viene a reafirmar esa misma idea de fidelidad pero con el aspecto de que esas personas que hacen la alianza van a compartir su vida en una comunidad, en un compromiso de vida que se comparte.
Y la referencia al “bien de los cónyuges” subraya ese mismo concepto de una comunidad ordenada al beneficio de la pareja. Una vida que se comparte y que se sella con un signo indisoluble porque ambos quieren y se comprometen en el bien y la felicidad mutuos. De ahí que podamos decir que el matrimonio es “una comunidad de amor”, pues el amor es la fuerza interior espiritual, que hará posible la fidelidad a la alianza, el compartir y el compromiso de la vida. Comunión de vida es equivalente a comunidad de amor: “no hay mayor amor que dar la propia vida” (Jn 15, 13).
Para la profundización se pueden leer estos otros textos:
Gn 2, 18-25 – La familia original
Lc 2, 16-19; 41- 52 – La familia de Nazareth.
Jn 2, 1-10 – La familia de Caná.
I Cor 13, 1-8.13 – El carisma del amor
Para la reflexión personal y compartida
¿Qué te inspiran estos tres tipos de familia?
¿Qué conciencia se tiene de la alianza matrimonial?
¿Cuáles son las fuentes del amor conyugal?
¿Cómo se viven las notas del amor matrimonial: unidad, fidelidad, indisolubilidad?
¿Qué necesitamos recuperar en la familia cristiana para que sea tal?
Para concluir puedes rezar el salmo 121 10月15日
Tema 26 -
Aunque a un grupo de quienes están haciendo este curso quizá no interese mucho este tema, sea por pertenecer a la vida consagrada o por no tener intención de abrazar este estado de vida o quizá porque su experiencia matrimonial ha sido negativa, creo que en justicia merece su lugar y atención, ya que es el modo de vida en que, para la mayoría de los miembros de la Iglesia, el amor de Dios se hace real, se encarna en sus vidas. Es el medio por el que todos hemos llegado a tener la experiencia fundamental de nuestra vida: el amor de la familia.
Ante todo tenemos que partir de que el matrimonio y la familia son las condiciones fundamentales por las que somos sujetos de las experiencias más hermosas de la vida, pero que tienen como punto de partida y de razón de ser el llamado de Dios o vocación. Por ello, independientemente de la experiencia de cada uno en este campo de relaciones humanas y del llamado que cada uno sienta en su vida, tanto el matrimonio como la familia merecen todo nuestro respecto.
"La alianza matrimonial, por la que el varón y la mujer constituyen entre sí un consorcio de toda la vida, ordenado por su misma índole natural al bien de los cónyuges y a la generación y educación de la prole, fue elevada por Cristo Nuestro Señor a la dignidad de sacramento entre bautizados". (1601, Catecismo)
Estas palabras del Catecismo de la Iglesia ponen a nuestra consideración estos dos aspectos: matrimonio o “bien de los cónyuges” y familia o “generación y educación de la prole”.
Hoy vemos claro que la buena relación de los cónyuges determina el bienestar de la familia, por lo cual las familias son o no lugares donde se aprenden los valores humanos fundamentales cuando la relación armónica y afectuosa de la pareja crea un ambiente donde todo se sientan a gusto. Y si todavía hoy tenemos claro el valor y sentido de la familia, podemos esperar entender que el matrimonio sigue teniendo su valor y sentido. No es posible una familia con garantías de estabilidad si esto no se da en la relación conyugal de la pareja, es decir, en el matrimonio.
Consideremos todo esto a la luz del plan de Dios y de su Palabra
Génesis 1, 26-31; 2,7-25 – Simpatía mutua y unión de vidas
Tobías 7, 1-17; 8, 4-8 – Una experiencia matrimonial sancionada con un contrato y garantizada por la gracia de Dios.
Mt 19, 1-12 – Dios llama y capacita para esta vida.
I Corintios 7, 7-9 – San Pablo reafirma el respeto al llamado de Dios a este estado de vida.
Para la reflexión personal y compartida
El matrimonio como vocación parte de un plan de Dios, ¿lo vives o quisieras vivir en esta dimensión? ¿Se percibe esto en la vida de los matrimonios que conoces?
Como vocación implica una gracia y un compromiso sagrado, ¿cómo se proyecta en tu vida o en la vida de quienes conoces?
¿Por qué hoy día se rehuye el matrimonio?
Para concluir se puede rezar el salmo 122 10月7日
TEMA 25
En la línea de los sacramentos de sanación, que son la reconciliación y la unción de enfermos, queremos detenernos ahora en este último porque , aunque lo veamos un poco lejos cuando somos jóvenes, es un sacramento que se nos ofrece como alivio a cualquier situación de enfermedad grave en que podamos encontrarnos.
El catecismo de la Iglesia nos dice sobre él:
"Con la sagrada unción de los enfermos y con la oración de los presbíteros, toda la Iglesia entera encomienda a los enfermos al Señor sufriente y glorificado para que los alivie y los salve. Incluso los anima a unirse libremente a la pasión y muerte de Cristo; y contribuir, así, al bien del Pueblo de Dios" (1499, Catecismo).
Por medio de esta sencilla reflexión podemos descubrir que la espiritualidad de este sacramento está conectada a la pasión de Cristo y a ese misterio de la comunión de los santos, que el Papa Pío XII describió con estas palabras: “Misterio verdaderamente grandioso, que la salvación de muchos dependa de las oraciones y voluntarias mortificaciones de los miembros del Cuerpo místico de Cristo”.
Los enfermos, confortados con la fuerza de la gracia y de los sacramentos, entran en el grupo de quienes juegan un papel activo en el ministerio de la Iglesia y, por otra parte, ellos son también objeto de la atención y cuidado espiritual de la comunidad eclesial. Por esta razón, se está promoviendo el ministerio de la atención a los enfermos en sus propias casas cuando no pueden participar personalmente en las celebraciones comunitarias. A este fin se ha instituido el ministerio de los Ministros extraordinarios de la Eucaristía.
Para casos especiales en los que el enfermo no puede confesarse por sufrir un accidente o porque ya no está consciente, el sacramento de la unción le ofrece la oportunidad del perdón de sus pecados, de forma semejante a lo que él podría hacer con el sacramento de la reconciliación, si es una persona creyente y con cierta práctica sacramental.
Los evangelios nos dan un testimonio claro de cómo el ministerio de Jesús tuvo como una de sus facetas principales y constantes la atención a los enfermos. Por ello, este sacramento también incluye, como lo dice Santiago en su carta, la gracia de la salud corporal, de lo cual tenemos constancia por muchos casos reales en la práctica del mismo.
Mateo 8, 1-17; 9, 1-7 – Jesús cura corporal y espiritualmente
Lucas 6, 17- 19 – Jesús cura a todos los que acuden a él.
Marcos 6, 7-13 – Los discípulos en su misión participan de ese mismo poder de Jesús.
Marcos 16, 17-18 – Jesús promete ese poder a los Doce al enviarlos a evangelizar por el mundo.
Santiago 5, 13-20 – la práctica del perdón y de la sanación en la Iglesia.
Para la reflexión personal
- Anota los puntos que te han llamado la atención de este sacramento, sobre todo aquellos que has descubierto como nuevos, desconocidos para ti.
Para concluir puedes rezar el salmo 91
9月29日
Tema 24 -
Este es un aspecto del sacramento de la confesión-reconciliación poco conocido y reconocido entre la mayoría de nuestros cristianos católicos: que nos reconciliamos también con la Iglesia.
La clave para entenderlo es sencilla: entender y aceptar que somos cristianos en la Iglesia, que es una comunidad , una familia de los hijos de Dios, regenerados por el bautismo. Como comunidad somos responsables los unos de los otros; entre nosotros se da una comunicación de bienes espirituales, que se expresa a través de la “comunión de los santos”. En el credo de los Apóstoles decimos: “creo en la santa Iglesia católica, la comunión de los santos, el perdón de los pecados…”. Esta fórmula del credo, que es la más antigua, pone de relieve estos dos hechos, íntimamente relacionados: “el perdón de los pecados y la comunión de los santos” así como la santidad de la Iglesia.
Por una parte reconocemos que en ella se da el perdón de los pecados, que es santa y que hay una comunicación espiritual entre quienes hemos sido santificados (santos) por el bautismo.
Pero por la misma razón, cuando nuestra conducta no corresponde a esta santidad, que Cristo ha depositado en la Iglesia, la ofendemos; cuando, siendo miembros de una comunidad eclesial santa, actuamos de forma indebida y no acorde a esta santidad, ofendemos a cada uno de sus miembros y se requiere una reconciliación.
¿Cómo nos reconciliarnos con la Iglesia santa, a la que hemos ofendido? En la antigüedad los pecados que ofendían gravemente a la Iglesia –apostasía (renegar de la propia fe), adulterio y homicidio- se sancionaban con una penitencia pública y la excomunión. Después de cumplirla y de haber dado señales de conversión se aceptaba al pecador a la comunión con la Iglesia y a los sacramentos. Hoy en día, aunque hay pecados, cuya absolución está reservada al Obispo, la reconciliación se da normalmente a través de este sacramento de la reconciliación. En este caso el sacerdote actúa en nombre de la Iglesia.
Esta facultad de perdonar los pecados, dada a la Iglesia, está claramente expresada en el evangelio, cuando Cristo dice: “Reciban el Espíritu Santo; a quienes les perdonen los pecados les quedan perdonados y a quienes se los retengan les quedan retenidos” (Juan 20, 22).
Además de esta experiencia de perdón eclesial, administrado por el sacerdote u Obispo, el perdón eclesial se da también a nivel comunidad en la celebración de algunos sacramentos: en el acto penitencial al inicio de la Misa (Mateo 5, 21-26) y en el padrenuestro antes de la comunión; en la celebración comunitaria de la reconciliación ((Santiago 5, 16); en la unción de los enfermos.
Para iluminar más esta experiencia del perdón mutuo en la comunidad eclesial, se pueden leer los siguientes textos:
Mateo 18, 21-35 – Dios nos perdona e invita a perdonarnos mutuamente.
Mateo 6, 9-15 – El perdón de Dios condicionado por el perdón fraterno.
I Juan 1, 5-7; 5, 16-17 - Luz y tinieblas: comunión y pecado.
Para la reflexión personal
¿Has pensado que tus pecados tienen que ver con los demás?
¿Qué conciencia y experiencia de esta reconciliación eclesial tienes?
¿Qué importancia tiene para ti esta reconciliación eclesial?
¿En qué forma sientes la necesidad del perdón mutuo fraterno?
Para concluir puedes rezar el salmo 86
TEMA 23
Después de tratar los tres sacramentos fundamentales, que nos incorporan a la Iglesia y nos comprometen con la misión de Jesús como nuestro Salvador y Señor, los tres sacramentos llamados de la iniciación cristiana, consideraremos ahora el sacramento de la reconciliación.
Teniendo en cuenta nuestra constante condición humana, herida por el pecado, y jalada de distintas formas por las pasiones carnales (soberbia, avaricia, ira, envidia, lujuria, gula y pereza), se comprende que, en cuanto apartamos nuestra vista de Cristo, podemos fallar. Según que esas fallas puedan interferir más o menos con nuestra comunión con Dios, podemos necesitar de la ayuda espiritual de este sacramento, que es de sanación espiritual.
Aunque no se puede separar la reconciliación con Dios de la reconciliación con la Iglesia, en este tema vamos a considerar el primer aspecto y lo completaremos con el segundo en otro tema.
Ante todo, conviene recordar que la Iglesia en su renovación de la liturgia sacramental o, dicho de otra forma, al renovar la práctica eclesial de los sacramentos, ha cambiado el nombre tradicional de confesión o penitencia por el de reconciliación, para poner de relieve que en este sacramento se da un encuentro personal espiritual con Dios y con la Iglesia. No se trata de una simple práctica religiosa, equivalente a una sesión de terapia espiritual, sino de un encuentro tan personal como el que tiene un hijo con su padre, cuando después de un malentendido u ofensa entre ambos, se perdonan y reconcilian.
Para entender mejor este proceso espiritual, vamos a acudir a la palabra de Dios:
Juan 20, 22-23: nos recuerda la facultad conferida por Cristo a los apóstoles de perdonar los pecados, que da razón del por qué de este sacramento.
II Corintios 5, 17-21 – La reconciliación con Dios es la misión de Cristo y de la Iglesia.
I Juan 1, 5-10 - Con confianza en el amor de Dios aceptar que hemos pecado
I Juan 4, 10; Romanos 5, 6-11 - Dios nos da a su Hijo para reconciliarnos y darnos la vida de hijos de Dios.
Lucas 15, 11-32 – Dios nos espera y hace fiesta cuando decidimos reconciliarnos con El.
Lucas 19, 1-9 – Dios sale al encuentro del pecador y hace fiesta con su conversión.
Para la reflexión personal
¿Qué pensamientos y sentimientos provocan estos pasajes bíblicos?
¿Cómo iluminan tu actitud frente al pecado y frente a Dios como pecador/a?
¿Qué cambios te sugieren estos textos evangélicos en relación a tu experiencia de pecado?
Puedes concluir este tema con el salmo 51
9月14日 Queridos amigos/amigas: de nuevo estoy aquí para enviarles el tema siguiente, explicándoles un poco lo que celebramos en la Misa. Es una presentación breve, espero que en nuestro retiro lo podamos explicar más en detalle. Ah, y hablando del retiro; puesto que los días que habíamos escogido en Noviembre ya estaban reservados u ocupados en la casa de retiro dentro de los límites de nuestra parroquia, he creído más conveniente cambiar las fechas en lugar de buscar otra casa más lejos, sobre todo pensando en los que vengan de fuera. Así que las fechas del retiro serán el 16 y 17 de enero. Espero que les acomoden a los que ya han decidido participar en el retiro. Les agradeceré me confirmen su asistencia.
Tema 22: Nuestra celebración de la Eucaristía
Vamos a comenzar este tema leyendo un escrito de san Justino, que nos describe cómo celebraba la eucaristía la comunidad cristiana ya en el siglo II.
“A nadie es lícito participar de la Eucaristía si no cree que son verdad las cosas que enseñamos, y no se ha purificado en aquel baño que da la remisión de los pecados y la regeneración (Bautismo), y no vive como Cristo nos enseñó.
El día llamado del sol (Domingo) se reúnen todos en un lugar, lo mismo los que habitan en la ciudad que los que viven en el campo, y, según conviene, se leen los tratados de los apóstoles y los escritos de los profetas, según el tiempo lo permita (Liturgia de la Palabra).
Luego, cuando el lector termina, el que preside se encarga de amonestar, con palabras de exhortación, a la imitación de cosas tan admirables (Homilía).
Después nos levantamos todos a la vez y recitamos preces; y a continuación, como ya dijimos, una vez que concluyen las plegarias, se trae pan, vino y agua (Presentación de ofrendas): y el que preside pronuncia con todas sus fuerzas preces y acciones de gracias, y el pueblo responde «Amén»; tras de lo cual se distribuyen los dones sobre los que se ha pronunciado la acción de gracias, comulgan todos, y los diáconos se encargan de llevárselo a los ausentes.
Los que poseen bienes de fortuna y quieren, cada uno da, a su arbitrio, lo que bien le parece (Colecta), y lo que se recoge se deposita ante el que preside, que es quien se ocupa de repartirlo entre los huérfanos y las viudas, los que por enfermedad u otra causa cualquiera pasan necesidad, así como a los presos y a los que se hallan de paso como huéspedes; en una palabra, él es quien se encarga de todos los necesitados”.
Nuestra celebración de la Misa o Eucaristía sigue ese esquema descrito por san Justino, a saber:
Liturgia de la Palabra: Preparación (primeras oraciones) – Proclamación (Lecturas)– Respuesta (Credo y Preces de los fieles)
Liturgia de la Eucaristía: Presentación de dones (Ofertorio)– Celebración (el resto de la Misa hasta la:) – Comunión (comer el cuerpo y sangre de Cristo como signo de compromiso con Cristo en lo que nos ha enseñado de palabra y en su vida)
Dentro de la celebración de la Misa es importante tomar en cuenta los signos externos: gestos, posturas, cantos, colores, oraciones, adornos de la iglesia o lugar de la celebración.
Se pueden leer los textos siguientes: Mateo 26, 17-30; Lucas 22, 7-20; Marcos 14, 12-25; I Corintios 11, 23-26; 9月6日
Tema 21: La Eucaristía, misterio de comunión y de Pascua
"La Eucaristía significa y realiza la comunión de vida con Dios y la unidad del Pueblo de Dios por las que la Iglesia es ella misma. En ella se encuentra a la vez la cumbre de la acción por la que, en Cristo, Dios santifica al mundo, y del culto que en el Espíritu Santo los hombres dan a Cristo y por él al Padre"
Comienzo la exposición de este tema recordando las palabras del Catecismo, que ya tuvimos presentes en el tema anterior. De nuevo se va a poner de relieve en el texto de San Pablo, en su Carta 1ª a los Corintios, el tema de la comunión y el de la santificación. Y vamos a desarrollar más el tema de la Pascua, que lo mencionamos poco en el tema anterior
Leer el texto de la primera carta a los Corintios capítulo 11, versículos 17-34)
Los puntos que se mencionan aquí sobre el misterio de la Eucaristía son los siguientes:
- es la reunión de los hermanos, es una asamblea fraterna (v. 17);
- por lo tanto hay que cuidar los signos que manifiestan que la eucaristía es una celebración fraterna y evitar los signos que contradicen ese carácter comunitario (v. 17-18 y v. 21);
- comulgamos con Cristo (v. 23-27) y con los hermanos (v. 22 y 29. 33 y 34);
- proclamamos un misterio de vida, el misterio pascual de Cristo (v. 26);
San Pablo nos invita a “discernir el cuerpo”: el cuerpo de Cristo, ofrecido a la muerte por amor a Dios y por amor a nosotros, y el cuerpo de la Iglesia, que es el cuerpo místico o espiritual de Cristo, del cual él es la cabeza y nosotros los miembros.
A este discernimiento (darse cuenta de lo que es y significa ese cuerpo) sigue la comunión, que supone una identificación de sentimientos con Cristo, tanto hacia Dios Padre como hacia la humanidad. Comer un alimento –en este caso el cuerpo y la sangre de Cristo- significa que ese alimento se hace parte de nosotros, y eso es comulgar, es decir, que yo quiero tener los sentimientos y actitudes de vida de Cristo.
Y unido a ello está el aspecto pascual de la Eucaristía: pasar de la muerte a la vida, es decir, comulgar con la muerte en cruz de Cristo y con su resurrección, de manera que si con Cristo morimos a nosotros mismos para hacer la voluntad de Dios y servir-amar-dar la vida al prójimo, con él somos transformados en hijos de Dios en quien Él se complace, en nosotros también se manifiesta la gloria de Dios. Todo esto manifestamos al comer el cuerpo de Cristo y beber su sangre.
Para ayudar a la reflexión personal:
¿Qué relación haces entre tu comunión eucarística y la aceptación de la voluntad de Dios y tus relaciones interpersonales con el prójimo?
¿Qué actitudes tuyas pueden ser impedimento para participar adecuadamente en la celebración de la Eucaristía?
¿Qué signos faltan en tu vida personal para estar en sintonía con la celebración de la Misa?
¿En qué formas de vida proclamas lo que has celebrado en la Misa: es decir, que has muerto y resucitado con Cristo?
Concluir con la oración del Salmo 146 9月3日
TEMA 20: Invitados a la mesa de la comunidad eclesial
"La Eucaristía significa y realiza la comunión de vida con Dios y la unidad del Pueblo de Dios por las que la Iglesia es ella misma. En ella se encuentra a la vez la cumbre de la acción por la que, en Cristo, Dios santifica al mundo, y del culto que en el Espíritu Santo los hombres dan a Cristo y por él al Padre" (1324- 1419 Catecismo).
Es el primero de tres temas que vamos a considerar sobre el gran misterio que encierra la Eucaristía o Misa: la muerte y resurrección salvadoras de Cristo.
Las palabras que cito del Catecismo de la Iglesia son riquísimas en su brevedad, pues nos dicen tantas y tan importantes verdades sobre este misterio:
- La eucaristía significa y realiza la comunión de vida con Dios;
- La eucaristía significa y realiza la unidad del Pueblo de Dios;
- Y por medio de estas dos experiencias la Iglesia se constituye en lo que ella es;
- En la eucaristía está lo máximo de la acción santificadora de Dios a favor del mundo por medio de Cristo;
- En la eucaristía está así mismo lo máximo del culto que podemos dar a Cristo y a Dios por medio del Espíritu Santo.
Por todo ello, es justo decir que la Eucaristía es, ante todo, la mesa de la comunidad eclesial, en la que se celebra por medio de signos externos la comunión con Cristo, con Dios y con los miembros –hermanos- de la Iglesia.
Tres son los aspectos fundamentales de la riqueza espiritual, que incluye y realiza la Eucaristía: primero, la comunión con Dios y con la Iglesia; segundo, la santificación nuestra; tercero, el culto a Dios.
Sirva recordar que el término CELEBRAR significa recordar haciendo presente la gracia del misterio, que da sentido o razón a tal celebración
Al celebrar, también damos gracias a Dios (que es el significado etimológico de eucaristía) y así damos culto; por otra, asumimos la gracia incluida en tal misterio y, de esa forma, nos santificamos más.
Podemos ver cómo nos describe estos aspectos espirituales los textos que tenemos a continuación:
Lucas 9, 12-17: Compartir la vida lleva a compartir el alimento.
Lucas 22, 7-20: La vida espiritual tiene su propio alimento.
Juan 6, 48-66: El alimento de Jesús es el que da la verdadera vida o eterna.
Lucas 22, 19: Hagan esto en memoria mía: La Misa, es decir, es el memorial de lo que Cristo vivió y celebró.
Lucas 24, 13-35: Del entendimiento del mensaje de las Escrituras sobre la salvación realizada en Jesucristo, se pasa a celebrar la cena pascual con Jesús y a la vida con la comunidad.
Para ayudar a la reflexión personal, trata de responder estas preguntas:
¿Qué buscas al celebrar la Misa dominical?
¿Cómo fortalece tu vida de cristiano la celebración de la Misa?
¿De qué haces tú memoria al celebrar la Eucaristía?
¿Cómo valoras la doble mesa eucarística: Palabra y Pan de vida?
¿Celebras la Misa como fiesta de la familia en la fe con Cristo?
Para concluir puedes rezar el salmo 23 8月31日
Tema 19: Investidos con el Espíritu para ser testigos de Jesucristo
La Confirmación
El sacramento de la Confirmación une a los bautizados más íntimamente a la Iglesia y los enriquece con una fortaleza especial del Espíritu Santo. De esta forma se comprometen mucho más, como auténticos testigos de Cristo, a extender y defender la fe con sus palabras y sus obras (Catecismo, 1285-1321).
En el último texto del tema anterior de san Pablo a los Corintios veíamos que todos los miembros del cuerpo de Cristo tienen una relación de servicio mutuo. Este aspecto se pone de relieve en la última unción del bautismo, la unción con el crisma, que tiene el sentido de constituir al bautizado como profeta, sacerdote y rey, tres atributos que hacer referencia a una triple función o a un triple servicio en la Iglesia y en el mundo: anunciar la Palabra de Dios, santificar la vida y presentarla a Dios como sacrificio agradable, dominar sobre la creación para que sirva para manifestar la gloria de Dios.
Esta segunda unción en un tiempo se dejó para el sacramento de la confirmación, ya que le pertenecía al Obispo, y éste no podía estar presente en todos los bautizos de las diferentes comunidades de su Diócesis, como sucede en la actualidad.
Aunque en la actualidad esa unción siga siendo parte del bautismo, la confirmación tiene, como lo explica el párrafo del Catecismo de la Iglesia que citamos arriba, el objetivo de fortalecer especialmente con los dones del Espíritu Santo para “comprometerse como auténticos testigos de Cristo a extender y defender la fe con palabras y obras”.
Vamos a verlo en los textos citados a continuación:
Juan 1, 28-36 y Lucas 4, 16-21 – Jesús investido del Espíritu en el Bautismo es el ejemplo del cristiano que recibe el Espíritu Santo para llevar a cabo la misión de ser testigo del Padre y anunciar la buena nueva a los pobres.
Juan 4, 6-14 y 7, 37-39 – El don de Dios y el agua que da vida son términos que anuncian el Espíritu que se va a comunicar a los creyentes en Jesús.
Juan 14, 16-17 y 25-26; 16, 7-13 – El Espíritu continuador de la obra de Jesús, que va a asistir a los discípulos como maestro de la verdad, abogado y consolador en la pruebas y persecuciones.
Juan 20, 19-23 – El Espíritu es fruto y don de la resurrección de Cristo a la Iglesia, es la fuerza para la misión que Jesús encomienda a los suyos.
Para ayudar a la reflexión y al diálogo
¿Qué te sugiere el conjunto de estos textos sobre el papel del Espíritu Santo en la misión de Cristo y en la vida de los cristianos?
¿Cuál es el aspecto que más importancia tiene para ti como seguidor y testigo de Jesús?
¿Cómo te ayudan estos textos para enriquecer tu vocación cristiana en la dimensión misionera?
Concluyes tus reflexiones sobre este sacramento con el salmo 121. 8月17日
Tema 18:
“El santo Bautismo es el fundamento de toda la vida cristiana, el pórtico de la vida en el espíritu y la puerta que abre el acceso a los otros sacramentos. Por el Bautismo somos liberados del pecado y regenerados como hijos de Dios, llegamos a ser miembros de Cristo y somos incorporados a la Iglesia y hechos partícipes de su misión” (n. 1213- 1284).
En el tema de la semana pasada reflexionamos sobre ese gran regalo que supone el bautismo para ser “liberados del pecado y regenerados como hijos de Dios”. En este tema vamos a fijarnos en el último punto de este párrafo que transcribo del Catecismo de la Iglesia: “somos incorporados a la Iglesia y hechos partícipes de su misión”. Pero hoy nos concentraremos en la “incorporación a la Iglesia”, dejando para el tema siguiente la “participación de su misión”.
Si por el bautismo somos re-generados, es decir, nacemos de nuevo, tenemos que suponer que nacemos en alguna comunidad, como toda persona en el plano natural nace en una familia. Efectivamente, nacemos en la Iglesia, que es la familia de los hijos de Dios regenerados por la fe en Jesucristo.
Este es, sin duda, un aspecto de nuestra vida cristiana que tenemos que conocer y profundizar, pues es fundamental en nuestra vocación y vida de cristianos: ser miembros de una comunidad, que la llamamos Iglesia. La pila bautismal en la que nacemos espiritualmente es como el seno de nuestra madre la Iglesia en el que somos engendrados. Veamos a través de los textos que tenemos aquí, cómo se realiza este misterio:
Hechos 2, 36-47; 4, 32-35. Por medio de estos pasajes del libro de los Hechos de los Apóstoles se nos dice cómo la predicación de san Pedro el día de Pentecostés tiene como fruto que varios miles de personas se sientan cuestionados en su vida y acepten el bautismo (v. 14-37). A continuación se viene a decir que el fruto del bautismo de esta gente da origen a la primera comunidad o Iglesia en Jerusalén (v.38-47) Podemos decir que la evangelización lleva al bautismo y éste a la comunidad.
I Carta de san Pedro 2, 4-9. Aquí de nuevo san Pedro nos explica cómo hemos nacido por la fuerza espiritual del Espíritu de Dios (v. 1-3) para constituir una nación y un pueblo, que es el nuevo pueblo de Dios (v. 9-10).
Efesios 2, 19-22. Esto mismo nos lo dice san Pablo en su carta a los Efesios, de manera que ese pueblo nuevo y santo se convierte en la morada y en el templo donde Dios habita; y lo recalca en el capítulo 4, 3-6: tenemos un mismo Padre Dios, un mismo Señor Jesucristo, y un mismo Espíritu, que nos capacitan para formar un mismo cuerpo espiritual, que llamamos Iglesia.
I Corintios 12, 12-31. Con más detalle nos describe san Pablo en su carta a los Corintios el ejemplo del cuerpo humano, en el que todos sus miembros están organizados y dependientes para el bien de todo; así ha de ser el cuerpo de Cristo (v. 27) que formamos por la fe y en la Iglesia.
Para ayudar a la reflexión y diálogo
¿Cómo vives la experiencia de ser miembro de la comunidad cristiana, que es la Iglesia?
¿Qué rasgos de esa vida descubres en ti? ¿Cuáles crees que debes cultivar más?
¿Cómo te ayuda el símbolo del cuerpo a entender el misterio de la comunidad eclesial?
¿Qué fuerzas espirituales de las señalas en los Hechos de los Apóstoles van a hacer posible para ti vivir la comunidad cristiana?
Puedes concluir tus reflexiones con el salmo 122 (Jerusalén es símbolo de la Iglesia)
8月10日
Engendrados a una nueva vida
Introducción
Damos inicio a la tercera parte, del curso, en la que vamos a hacer un camino con Jesús en la Iglesia, dándonos la oportunidad espiritual de comprender y asumir la gracia o vida, que se nos da los sacramentos.
Partamos de que los sacramentos son medios de la gracia de Dios, instituidos por Cristo en la Iglesia para hacer posible su misión salvadora y santificadora en cada uno de los que reciben un sacramento, en cada uno de los que quieren pertenecer o ya pertenecen a la Iglesia.
Los sacramentos son siete, como la mayoría de ustedes sabe. Los hay de iniciación en la vida divina y en la Iglesia, como el Bautismo, la Confirmación, la Eucaristía; los hay de sanación espiritual como la Reconciliación y la Unción de los enfermos; y los hay de madurez, como el Matrimonio y el Sacerdocio.
Comenzamos, claro está, con el Bautismo, que para muchos es un sacramento casi ignorado, ya que se reduce a que en un momento de nuestra niñez se nos libró del pecado original y se nos dio la oportunidad de ir al cielo y allí se quedó. No es así y no esto lo importante o lo que caracteriza al Bautismo.
Leemos en el catecismo de la Iglesia:
“El santo Bautismo es el fundamento de toda la vida cristiana, el pórtico de la vida en el espíritu y la puerta que abre el acceso a los otros sacramentos. Por el Bautismo somos liberados del pecado y regenerados como hijos de Dios, llegamos a ser miembros de Cristo y somos incorporados a la Iglesia y hechos partícipes de su misión” (n. 1213- 1284).
Es un bello y completo resumen, que lo vamos a estudiar en dos temas: el primero es el nuevo nacimiento que se da en nosotros por el bautismo; el segundo es ver que ese nacimiento de la Iglesia.
Para profundizar el primer tema vamos a leer y reflexionar los siguientes textos bíblicos:
Juan 3, 1-8: nos anuncia que hay que nacer del agua y del Espíritu.
Romanos 6, 1-5 y 8-11:nos explica que fuimos bautizados en el misterio pascual de Cristo; morimos al pecado para resucitar a una vida nueva, la vida en la gracia y amor de Dios.
Efesios 4, 17-31: se nos explica esa segunda experiencia de resucitar o nacer a una nueva vida, a la vida del hombre nuevo creado a imagen de Dios.
Gálatas 3, 23-29: Revestidos de Cristo, de su Espíritu y por tanto hijos de Dios.
Como conclusión del tema, pon por escrito aquellos aspectos de tu vida cristiana que deben ser corregidos y aquellos aspectos que deben ser asumidos o incorporados a tu imagen realista de cristiano/a, que eres tú.
Puedes concluir rezando el salmo 126 8月2日
TEMA 16
Estaba pensando si seguir adelante o hacer una pausa. No sé cuántos/cuántas están siguiendo el curso completando el tema semanalmente. Pero, prefiero que lo llevemos con calma. Por ello, yo quisiera de nuevo hacer un alto y pedirles que hagan como una síntesis con los últimos cinco temas, que los hemos presentado como una historia, que tiene como principales pasos la creación, el pecado, la promesa de salvación, el llamado a la fe, la salvación.
Estos hechos o experiencias fundamentales de la historia bíblica, que son los pasos maestros de la historia de Dios en relación con la humanidad, pero concretizada en personas de carne y hueso, hemos dicho que son como los titulares de los capítulos de nuestra propia historia de creyentes.
Dios nos creó a su imagen, poniendo en nuestra alma su sello espiritual, que nos capacita para gustar el alimento que perdura, como nos recordaba el evangelio de hoy (Juan 6, 24-35). Cada uno tuvo una experiencia concreta y distinta de desarrollar ese caudal de vida, que Dios puso en nuestra alma al crearnos y al bautizarnos.
Llegó un momento en que nos enfrentamos a la crisis del desarrollo o del crecimiento, tanto natural como espiritual o sobrenatural. Algun@s tuvieron una simple y normal experiencia de pecado, de su naturaleza pecadora, y otr@s tuvieron quizá una historia algo dramática de alejamiento de la Iglesia, incluso de Dios.
Después has podido experimentar un llamado –recordemos el de Abraham- por medio del cual se ha abierto ante ti un nuevo horizonte; la esperanza ha brillado de nuevo en tu vida. Seguramente no fue fácil, pero qué tenías qué perder. Quizá escuchaste que Dios te prometía un futuro más luminoso, de mejor realización personal y ¿comenzaste un camino nuevo? No fue fácil; surgieron dificultades, tentaciones, desánimos…
En ese camino ¿has descubierto una semejanza con la experiencia del pueblo, descrita en el tema 15? Experimentaste alguna forma de esclavitud, quizá, te ayudaron a salir, pero luego fue un largo camino de sobriedad, como quien deja una adicción, un camino como el desierto, donde es difícil la subsistencia si no es con el auxilio de Dios, de un grupo, de una comunidad que te apoye. Pero eres libre y no cambiarías todas las pruebas que te origina este camino por la experiencia de esclavitud anterior (esclavitud a un pecado, al miedo, a un vicio, a la ley moral, etc.). Y cuando conociste la Iglesia y tuviste la oportunidad de experimentar algo de la gracia que ésta te ofrece a través de los sacramentos, de la doctrina de Jesús, de la comunidad eclesial, quizá tuviste una experiencia de estar entrando en la tierra prometida.
Trata de pensar, incluso de poner por escrito, algo de esta historia de salvación que has vivido, guiad@ por esos relatos bíblicos. A modo de iluminación puedes leer: Deuteronomio 6, 10-25 y 8, 1-18.
Y puedes concluirlo todo rezando el salmo 104. 7月26日
Mis queridos amigos y amigas, de nuevo tengo el gusto de comunicarme con ustedes para enviarles el tema 15 de nuestro curso. Es un tema muy importante, el último de esta sección del Antiguo Testamento, un tema que tiene gran eco en la teología de la liberación de la Iglesia y en el misterio pascual de Jesucristo. Espero les ilumine en esta dimensión tan importante de nuestra vida: la libertad de los hijos de Dios. Como les decía la semana pasada, ya las fechas de nuestro retiro están fijadas para el 21 (sábado) y 22 (domingo) de Noviembre, aunque comenzaríamos, a poder ser, la noche del viernes, día 20. Para finales de Agosto quiero tener el número suficiente para reservar la casa, así que quienes tengan el deseo y creen que les es posible, díganmelo. Por supuesto que puede haber imprevistos, Dios se encargará de resolverlos si Él quiere que participen. Yo les puedo avanzar que no se van a arrepentir de esta experiencia, que puede marcar su vida. La garantía es la Palabra de Dios, que se irán dando cuenta - o se han dado ya cuenta- que tiene todo el poder para transformarnos. Seguimos en contacto. Mis mejores deseos.
Tema 15 – Una experiencia ejemplar de salvación
Después de contemplar y admirar la historia de Abraham, creo que estamos preparados para seguir viendo y creyendo que las maravillas son posibles cuando nos fiamos de Dios.
Lo vamos a ver ahora en la historia del pueblo de Israel. Después de mucho tiempo de estar en Egipto, a donde habían llegado en tiempo de Jacob, cayeron en desgracia y fueron sometidos a esclavitud. Así nos lo cuenta el libro del Éxodo 1, 5-14.
Pero Dios, fiel a las promesas hechas a los patriarcas, como lo hemos visto en Abraham, va a acudir en auxilio del pueblo; así nos lo cuenta Éxodo 3, 1-12; 5, 1-9; 7, 1-13. Y a lo largo de varios capítulos (del 7 al 10) se va contando la resistencia de Egipto a dejar libre a Israel. Ya en el capítulo 11, ante la muerte de los primogénitos de los egipcios, éstos se doblegan.
Viene a continuación la celebración de la liberación a través de la cena pascual, que se nos narra en el capítulo 12, 1-14 y 12, 29-42.
La liberación tiene un momento decisivo en el paso del mar Rojo, como nos lo cuenta: Éxodo 14, 5-31. Allí hace perecer a los enemigos y al otro lado del mar, aunque las cosas no van a ser fáciles, está la libertad. Una libertad que no tiene vuelta atrás. ¿Quién podría cruzar el mar para volver a Egipto? Nadie.
Una vez liberados del poder egipcio, se enfrentan al reto de la supervivencia en el desierto. De nuevo Dios – Dios fiel- desplegará el poder de su gloria, como nos lo narra Éxodo 15, 22-27 y 16, 1-20.
En el capítulo 17 del Éxodo se nos cuenta cómo ante cualquier dificultad Israel recurre a la rebelión y a la murmuración y cómo Dios es tan compasivo con ellos, pues de verdad iban a enfrentar muchos problemas hasta llegar a la tierra prometida.
Esta experiencia de salvación humana, social o política, como la queremos llamar, es una figura, nos dice san Pablo (I Corintios 10, 1-13), de la salvación espiritual interior que Dios quiere llevar a cabo en nuestra vida personal. Por ello conviene que estos relatos los relaciones a tu vida y entiendas cómo Dios está empeñado en sacarte de tus experiencias de muerte: esclavitud al pecado, a tus pasiones, dependencia de las creaturas: personas y cosas, etc. para que tengas vida, para que seas feliz como te corresponde a ti siendo hijo/hija de Dios.
Para ayudar a la reflexión
¿Qué te sugiere esta historia en relación a tu experiencia de vida humana o cristiana?
¿Cómo identificas esta historia con la tuya: tu esclavitud, tu liberación, tu liberador (¿Quién ha sido o es?), el resultado de la acción de Dios en tu vida?
¿Puedes contar tu historia de salvación? (Ponla por escrito).
Para concluir puedes rezar el Cántico de Israel al pasar el mar Rojo: Éxodo 15, 1-18. 7月20日
Queridos amigos/as; aquí estoy de nuevo con el tema siguiente de nuestro curso. Un tema por demás interesante y ejemplar. Algunos ya me han manifestado su deseo de participar en el retiro conclusivo, que sería en el D.F., el tercer fin de semana de Noviembre: 21 y 22, sábado y domingo. Quisiera que hubiera al menos 15 participantes y no más de 30; si los que tienen deseo de hacerlo, me pueden manifestar su decisión, iré cuanto antes a reservar la casa de retiro, que estará cerca de nuestra casa e iglesia parroquial, y les comunicaré el costo del mismo para que vayan preparándose. Claro que quienes no puedan reunir la cantidad, porque tienen que pagar el viaje, no se preocupen, Dios proveerá.
Tema 14.- Un hombre de fe: Abraham. Una historia ejemplar de fe.
La historia del ser humano discurre en una especie de camino sin rumbo en los siguientes capítulos del Génesis (4-11) hasta que se inicia la historia de Abraham o, mejor, el itinerario de fe de Abraham, ya que cuando Dios lo llama ya tenía 75 años.
Abraham era un hombre nómada que se dedicaba al pastoreo, ya que no tenía tierras propias; pero, además, no tenía hijos, por lo que su futuro era más bien incierto y oscuro. Era un hombre creyente, pero sus dioses no le habían resuelto estos dos problemas básicos: descendencia y tierra propia.
Este contexto existencial de Abraham es como situar el relato, el largo relato de su vocación a ser el hombre de fe, incluso el padre de un pueblo en la fe, el padre de los creyentes del pueblo de Dios.
A continuación les invito a leer los episodios principales de su vida, que ocupan en el Génesis 11 capítulos, del 12 al 22.
Gn 12, 1-9: el llamado o vocación de Abraham con una promesa que lo atrae.
Gn 12, 10-20: la primera prueba de Abraham, que no la supera, ya que no conoce a este Dios, que le había prometido prosperidad, y permite una sequía.
Gn 15, 1-21: Dios anima a Abraham a esperar y le asegura que cumplirá sus promesas con un pacto en el que sólo Dios se compromete.
Gn 16, 1-15: Abraham y Sara su mujer creen que deben hacer algo para que se cumplan las promesas de Dios y de nuevo fallan.
Gn 17, 1-27: Dios hace una alianza con Abraham, que tiene su signo en la circuncisión, y renueva, por su parte, las promesas de la descendencia.
Gn 18, 1-15: Dios conforta y anima a Abraham que responde con generosidad acogiendo a los enviados de Dios.
Gn 21, 1-8: Dios cumple la promesa de dar descendencia a Abraham y Sara.
Gn 22, 1-19: es última prueba de la fe de Abraham, que la supera felizmente, a pesar de lo dolorosa que será para él, ya que para entonces –después de muchos años- había visto que Dios era fiel a sus promesas.
Para ayudar a la reflexión y aplicación
¿Qué relación ves entre la experiencia de fe de Abraham y la tuya: llamado, dificultades, nuevas gracias, promesas, cumplimiento?
¿Qué te sugiere la experiencia de Abraham para tu vida de fe?
***Puedes concluir cada rato de reflexión con el salmo 16
7月12日
Tema 13.- Dios viene en nuestra ayuda
Después de asistir al drama del pecado, como nos lo narraba el capítulo 3 en el tema anterior, podríamos pensar que ya todo se había acabado para el ser humano.
Tanto Adán como Eva habían tomado la vida en sus manos y se habían rebelado contra Dios, queriendo incluso ser tanto como él.
Y también vimos que el mal había echado raíces en la humanidad, ya que había infectado las relaciones fraternas entre Caín y Abel.
Consciente Dios de que el ser humano se había sumido a sí mismo en la realidad de su propia pobreza como creatura, de la que no podría salir por sus propias fuerzas, tiene un plan, digno de Dios, Padre amoroso y lleno de misericordia. Lee para entenderlo el texto a continuación:
Génesis 3, 14-15 (Iniciativa salvadora de Dios)
Esta descendencia, que comienza con el nacimiento de María, preservada del pecado, por ello proclama Inmaculada, culmina en Jesucristo, que “herirá mortalmente la cabeza de la serpiente (demonio)”. ¿Cómo? Nos lo describe san Pablo en el texto a continuación.
Romanos 5, 1-11 (Salvación realizada en Jesucristo)
Dios rehace su proyecto de compartir su vida, que es amor, con la creatura humana y lo hace a través de su Hijo Jesucristo de una forma admirable.
Juan 3, 16-21: también san Juan nos describe este misterio dándonos a entender el sentido y el alcance de la fe en Jesucristo.
Para ayudar a la reflexión y
¿Qué te parece de la iniciativa de Dios en salvarnos de la condición de culpa, de engaño y hostilidad? ¿Cómo te afecta a ti personalmente?
¿Qué te aporta la obra de redención llevada a cabo por Cristo?
¿Cómo influye tu fe en Jesucristo para liberarte de la fuerza del pecado?
Puedes concluir rezando los salmos 130 y 131.
7月8日
La influencia del mal en la historia humana
Después de contemplar cómo Dios desplegó su poder y providencia sobre la humanidad, incluso sobre la creación entera, haciendo de todo una participación de su bondad, ahora vamos a analizar el tropiezo, la torpeza, el engaño, que hacen del ser humano comenzar una historia de errores y, por tanto, de infelicidad. Es lo que significa la experiencia de desobediencia o rebelión contra el plan de Dios, que comúnmente llamamos “pecado”.
Puesto que esta descripción del primer pecado de la humanidad es ejemplar y simbólica de cualquiera de nuestros pecados, es conveniente prestar atención a los siete primeros versículos del capítulo 3, en los que se describe la dinámica del pecado, tanto de parte de la tentación o del tentador como de parte de quien es tentado y cae.
Ante todo, se pone de relieve en el primer versículo la “astucia” del tentador, y en esa astucia está el provocar el diálogo con la víctima; en ese diálogo se trata de hacer ver la tentación o el pecado como algo bueno, o dicho de otra forma, como algo que teniendo tantas ventajas no puede ser malo. Y en tercer lugar, también hay que tomar en cuenta que la mentira es un arma, primero implícita, y después descarada del tentador.
Lee ahora el capítulo 3 del Génesis.
¿Qué te sugiere esta experiencia del pecado de Adán y Eva en relación con tu experiencia de pecado? Por ejemplo, en cuanto a las fuerzas internas o externas que te llevan al pecado; en cuanto a la sensación que tienes al pecar y después de pecar; en cuanto a las consecuencias que se siguen en ti y en tu entorno.
Procura leer las notas a pie de página, que trae tu Biblia sobre este capítulo. Si te quedan sudas, con gusto trataré de aclararlas.
Ahora lee el capítulo 4, 1-16. Es la segunda experiencia de pecado. Ahora ya no hay un tentador externo; Caín lleva dentro de sí la fuerza o pasión que le arrastra al pecado. Primeramente a sentir celos de su hermano (v.4-5), después a quitarle la vida y deshacerse de él (v. 8). Este pecado nos pone de relieve el drama de la convivencia humana. Si bien Dios había visto como inconveniente que “el hombre esté solo”, ahora resulta que la convivencia entre hermanos es una situación que despierta ciertas pasiones y provoca al pecado. Las reacciones de Adán y Eva en sus respectivos relatos (v. 7 . 10 y 12) y la de Caín (9. 13 y 14)después de haber pecado son bastante diferentes. ¿Con cuáles te identificas tu más?
Para concluir te recomiendo rezar el salmo 86
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